¡Mozo! Hay una internet en mi SOPA

Desde hace ya unas semanas que (por lo cargadas de actividad al respecto, parecen meses) en Internet hay un tema plantado que por su relación e intenciones con este medio viene siendo el imbatible tópico central: La ley SOPA (Stop Online Piracy Act) y, con menos publicidad pero igual de peligrosa, la ley PIPA (Protect IP Act).

En esta ocasión voy a tratar de alejarme un poco del cauteloso acercamiento al tema sobre el impacto que esto podría tener sobre la libertad en Internet y, a riesgo de fantasear un poco o quedar como exagerado, voy a aumentar la apuesta y hurgar más profundamente en lo que significaría “legalizar” la posibilidad de sacar de circulación sitios o servicios de Internet basándose en nuevas normativas creadas para ello que la convierten en una acción inapelable ante la justicia.


Desde la perspectiva económica, y pese a que pueda haber algo más detrás de la cortina, la ecuación es más simple. En muchas ocasiones han sido tema de discusión las nuevas “reglas de juego” que Internet trajo a la mesa en el funcionamiento de la industria de la música, el cine y el software, así que ante la negativa de aceptar la necesidad de adaptarse a un nuevo contexto en el cual el negocio ya no va a ser tan fructífero, es normal esperar que los dinosaurios de la industria den batalla.
Ahora bien, creo que es muy inocente pensar que toda esta situación gira en torno a un simple enfrentamiento “industria de la música y el cine VS. piratería online”. La cuestión es que, tanto con sus virtudes como con sus defectos, Internet desde hace unos años viene afectando el uso de la herramienta más efectiva con la que cuentan los grupos más poderosos del mundo: el control de la información.

Para no entrar de lleno al centro de un tema tan amplio vamos a quedarnos en algunas situaciones contemporáneas, que ilustran un poco a qué me refiero. El famoso video que apareció hace algo más de una semana sobre los soldados norteamericanos orinando sobre cadáveres de origen talibán; de más está decir que este video no ayuda a Estados Unidos en la justificación de sus operaciones militares, sin embargo una vez que el video pisó Internet ya ni siquiera ellos pudieron detenerlo. Imaginen ahora si esa “viralización” que el video logró en Internet hubiera que hacerla en términos tradicionales mediante un soporte físico. Imposible.

Por supuesto que también tenemos a los medios masivos de comunicación, que vienen operando desde hace ya décadas y resultarían muchísimo más efectivos que el “mano a mano” para la proliferación de un material audiovisual, sin embargo es un error pensar que los medios de hace unas décadas atrás son lo mismo que hoy en día. Nadie puede negar que un video como el planteado sea extremadamente valioso en términos informativos, sin embargo habiendo visto tantos medios que hablaron sobre el tema y tantos que no lo hicieron (o apenas lo tocaron como una “obligación”) me surge la siguiente duda: si Internet no se hubiera tomado el atrevimiento de ser el primero en distribuir el material públicamente ¿Los medios lo habrían hecho?


Internet es un fenómeno extraño, nació como una herramienta y con el paso del tiempo se transformó en un animal salvaje, una colectivización del inconciente, una arena donde las ideas combaten libremente. Situaciones como lo ocurrido con Wikileaks (cuya veracidad o falsedad no me preocupan, sino su efecto) o sitios como 4chan son otros de los casos que me vienen a la mente sobre este tema. Sin ocultarse en las sombras e incluso frente a las propias narices de sus objetivos critican, explican y delatan protegiendo al vocero con el anonimato o integrándolo a un universo de usuarios en iguales condiciones tan vasto que es imposible de silenciar, silencio del que sí podemos ser víctimas individualmente.

Difícil cerrar un tema tan complejo y con tantas cosas que quedan en el tintero, pero si llegaron a leer hasta acá significa que el tema fue interesante (y, por sobre todo, que no se momificaron del aburrimiento). Internet hace ya un tiempo que dejó de ser una propiedad privada para ser una suerte de “patrimonio de la humanidad”. Intentar silenciarla significa silenciar millones de voces que, a diferencia de la actitud pasiva frente a los medios tradicionales, vienen tomando un rol activo frente a los problemas a los que antes eran ajenas.
Su valor en todos los aspectos, pero por sobre todo en la revalorización del individuo como posible portavoz de una gran idea o un importante cambio (un interesante ejemplo reciente es el del caso Ocean Marketing), la convierten en una herramienta invaluable que debemos defender hasta de la más mínima amenaza.

Con todas sus virtudes y sus defectos, la Internet salvaje llegó para quedarse.

Comentarios

Deja un comentario