Si estás leyendo estas líneas puede ser por tres motivos. Primero, porque no tenés idea qué es The Binding of Isaac. Segundo, porque viste un trailer, una imagen, leíste algo por ahí, pero igualmente, no tenés idea qué es The Binding of Isaac. Tercero, porque al momento de salir esta review, el juego está de oferta con el Humble Bundle y querés saber de qué se trata antes de comprártelo. Y cuarto, porque te gustan mis notas, cosa que me haría sentir muy halagado (ya se, ya se).
La mejor forma de catalogar a este juego es así: un juego de acción, del género roguelike, jodidamente difícil, bizarro, que homenajea a Zelda (y con un pequeño chiste a la saga), que coquetea con la religión, y que podría haber salido de la mente de cualquier maestro del cine de horror.
El otro día le tiré un lagrimazo a una mosca. No pasó nada.
The Binding of Isaac nos cuenta la bizarra historia de un niño llamado Isaac, que tiene una madre fanática religiosa, y que, al escuchar el llamado del Señor, le quita todas sus pertenencias (inclusive su ropa) y lo encierra en su cuarto. Pero esto no es todo, porque la prueba final de la madre de Isaac será saldada cuando ella sacrifique a su hijo, demostrándole así al Señor que su fe es sincera. Así, Isaac es acorralado por su madre, y en el último instante, encuentra una escapatoria al castigo gracias a una puerta oculta que había en el piso de su cuarto, que lo conducirá a un mundo subterráneo en el que se tendrá que enfrentar a sus peores miedos.
Ésta es la premisa del juego, o la excusa mejor dicho, para presentarnos una serie de calabozos generados al azar, en la que en cada cuarto encontraremos una serie de monstruos de lo más diversos que habrá que vencer antes de avanzar. Al final de cada calabozo, tendremos un jefe al que derrotar para pasar al siguiente nivel. Cuando se terminan los calabozos, llega el enfrentamiento final contra nuestra madre.
Isaac, al estar en su disfráz de Adán, no tiene otra forma de defenderse de las criaturas infernales más que con sus lágrimas, que serán el arma principal del juego. Además de éstas, tendremos un sinfín de power ups (y cada vez se agregan más) que se obtienen generalmente comprándolos en las salas de compra, consiguiéndolos en algunos cuartos especiales, después de eliminar a los jefes, etc. Éstos pueden variar entre poderes que modifican tu ataque (más potencia, más daño, penetrantes, rayos láser, etc.), poderes que modifican tus stats (más defensa, más velocidad, etc.), poderes especiales (que requieren una mención aparte) y poderes de uso único (con variados efectos, y algunos azarosos).
No puedo imaginar qué tipo de poder te da un ítem como Rotten Meat…
Los “poderes especiales” son al juego como las papas fritas a la milanesa. Vamos a encontrar una cantidad épica que no puedo llegar a describir acá con exactitud, pero voy a mencionar los que más me gustaron. Por ejemplo, el “little unicorn” que nos pone un cuerno en la cabeza, nos hace invencibles momentáneamente y con sólo tocar a los enemigos les bajamos gran cantidad de vida; o el “moms pad”, que es una toallita femenina que causa que los enemigos se alejen de vos. Increíble, pero real.
Cabe aclararles algo: prepárense para morir. Y mucho. Isaac es un juego que va incrementando en dificultad a medida que avanza, y la salud (señalada en corazones, como el Zelda, obvio) escasea bastante. Es necesario cuidarse de los ataques y conocer el patrón de cada enemigo, porque la penalización por morir es radical. El jugador que muere, debe empezar de cero, desde el primer piso del calabozo (que se genera diferente en cada run), y habiendo perdido todos los power ups conseguidos. Lo único que nos queda es la constancia de todos los ítems que fuimos descubriendo en nuestras partidas en una especie de menú de colecciones, sólo para el regocijo personal.
Artísticamente, es impecable. Van a encontrar aquí la marca de Edmund McMillen, uno de los dos creadores del juego y parte de Team Meat. Quienes jugaron a Super Meat Boy van a sentirse familiares con las excelentes ilustraciones. Al ser un juego 2D, no hay que aclarar que corre casi en cualquier máquina, pero igualmente el juego ofrece la opción de bajarle la “calidad gráfica” por si alguna PC tironea un poco. El diseño de personajes es lo que más destaca, en su mayoría basados en criaturas o personajes de la Biblia cristiana, en demonios de La Divina Comedia, o en cualquier película de terror de clase B. Entre los más conocidos nos vamos a encontrar a los cuatro jinetes del apocalipsis, a cada uno de los pecados capitales caracerizados como enemigos, y hasta el mismísimo demonio.
Tus enemigos suelen ser carne, con algo más.
En resúmen, vale cada uno de los $5 dólares que cuesta. Es una experiencia totalmente diferente. No es para todos, sino para el gamer con paciencia y ganas de intentar mil veces casi lo mismo y no aburrirse (igualmente el juego ayuda a que esto último no pase). The Binding of Isaac es uno de esos juegos que decís “me lo compro porque pinta bueno”. Y no te equivocás.







